La noche del 5 de febrero de 1960 era fría y ventosa en Milan, pero eso no amedrento a ninguno de los varios centenares de invitados elegantemente vestidos, de Angelo Rizzoli, el productor-anfitrión del estreno mundial de “La Dolce Vita”.

Quienes habían visto una exhibición privada decían que se trataba de algunas de las actividades sobre las cuales circulaban más chismorreos, del elegante grupo de Via Veneto, de Roma, y que se recreaban en ella ciertos hechos escandalosos del pasado.

Pero una parte del público también había oído decir que “La Dolce Vita” era una obra maestra, así declarada por los críticos antes de su difusión. Se había llevado a cabo una exhibición especial para los distinguidos integrantes de un simposio internacional que se llevaba a cabo en Roma, y algunos de ellos, entre quienes se contaban dos ganadores del Premio Nobel, afirmaron que no solo era uno de los mas grandes filmes que hubiesen visto, sino el mas grande.

Pero en la sala, en Milan, muchos no estaban preparados para lo que vieron. Refería en forma ostensible, la historia de un periodista de 35 años, cuyo trabajo se lo ubica en el centro de la alta sociedad romana, y era también una exhibición inexorable, de casi 3 horas, de amoralidad y hedonismo: una vida dulce que se había vuelto agria y rancia.

Quienes vieron la verdad y un poderoso trabajo fílmico en serie de vividos episodios, prorrumpieron en aplausos, pero de pronto superados en numero por la mayoría, que entendió la obra como un ataque a su integridad moral, y como una enconada agresión contra la nueva libertad y prosperidad de su país. Hubo murmullos de consternación, y luego gritos de desaprobación y andanadas de abucheos. Hacia el final una escena orgiástica en una casa junto al mar provoco exclamaciones de ¡basta!

Fellini, sentado junto a su esposa Giulietta Masina, se sintió sacudido por la reacción. El filme había ocupado su espíritu, sus pensamientos y su energía durante 2 años, con muy pocas horas de sueño por la noche. Cuando Giulietta y él se dirigieron hacia el vestíbulo, debieron abrirse paso en un mar de rostros henchidos de odio. Una mujer de edad, enjoyada, de abrigo de visón, blandió el puño ante el y grito: ¡Esta poniendo a Italia en manos de bolcheviques! – Un hombre de smoking, se acercó a Fellini y le escupió la cara. En rigor, según comprendió mas tarde Fellini, se lo había retado a duelo.

Y ese fue solo el preludio. Cuando fue exhibida ampliamente en Italia, provoco casi una guerra civil, que se entablo entre los medios de comunicación, en los pulpitos, en los debates públicos, en el Parlamento y a veces a golpe de puño, en el vestíbulo de las salas cinematográficas.

Antes del lanzamiento para el público, las autoridades de la Iglesia Católica, en apariencia habían dado su aprobación. El padre Angelo Arpa, un jesuita amigo de Fellini, había hecho una critica favorable de “La Dolce Vita” en la publicación “Il Quotidiano”; veía la conducta pecaminosa que se exhibia en ella como cotejada con valores morales. Pero muy pronto fue acallado por l ‘Observatore Romano, mas autorizado, que, con la aprobación del Vaticano, ataco el filme, tildándolo de desagradable, obsceno, indecente y sacrílego. Entonces “Il Quotidiano” se corrigió, y declaro que el titulo debía ser “La vida repugnante”. Un sacerdote anuncio una misa que ofrecería “expiación y reparación” por los pecados cometidos por las muchas personas que veían el filme. En otro periódico, un editorialista advertía: “Si Italia se vuelve comunista, este filme ocupara un lugar de honor muy elevado en cualquier despertar revolucionario”.

“It was I who made Fellini famous, not the other way around”. (Anita Ekberg)

El Parlamento italiano se ocupo del asunto. Durante un furioso debate, varios diputados propusieron una medida que impediría la circulación de esa obra, e inclusive propusieron una prohibición lisa y llana. Entre tanto, el centro cinematográfico Católico la califico de obra prohibida, que nadie podía ver. Elio Vittorini, un destacado escritor, reprocho: “Católicos que no entienden nada, que no reconocen a sus propios hijos… Estos católicos solo hablan como fascistas, y no como católicos”. El novelista Alberto Moravia, dejo muy en claro su posición al declarar que era la obra mas grande que jamás se hubiera hecho en Italia.

Por ultimo, Fellini se sintió impulsado a hacer una declaración publica, que decía en parte: “Estamos convirtiendo a La Dolce Vita en un tema nacional. Los italianos nos encontramos siempre dispuestos a desgarrarnos unos a otros. Ahora creamos una psicosis morbosa que produce en los espectadores un sentimiento de curiosidad malsana. Terminemos con esto. En cuanto a mi, solo quería hablar de algo que me inquieta”. Con o sin curiosidad malsana, los italianos formaron largas colas en las salas que exhibían el filme. El alboroto en torno al filme, que ocupo a los italianos durante ese año, beneficio a Rizzoli y sus socios financieros, en lo referente a los ingresos de taquilla, que llegaron a niveles vertiginosos. Uno de los que menos se beneficiaron en términos financieros fue Fellini, quien había abandonado su parte de las ganancias para hacer su obra tal como él la quería. (Harper:1986)

Filmografia de Federico Fellini

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