“No ha hecho falta mucho esfuerzo por parte del falso conde para impresionar a la rica e ingenua dama. Han bastado unos pocos detalles de cortesía y un leve derroche monetario para convencerla de su honestidad y procurarle el morbo que su aburrida existencia necesitaba a toda costa.”

Nunca se hará plena justicia con este indiscutible genio del cine llamado Erich von Stroheim, escritor, actor y director hasta el fin de sus días. La industria lo destruyo como director y solo han quedado nueve películas, nueve intentos de afirmarse como el gran creador que era. Nueve obras cortadas, interrumpidas, o simplemente masacradas.

Esposas frívolas es una de sus obras mas perfectas, a pesar de la manipulación posterior por parte del estudio que no acepto una propuesta de exhibir las seis horas y media en dos días consecutivos. Finalmente su explotación comercial se redujo a dos horas, cuarenta minutos.

La riqueza visual de Stroheim es tan poderosa, que hasta el más mínimo detalle llama la atención del espectador. Su puesta en escena es absorbente, minuciosa y de una sobriedad extrema, aunque resulta a un tiempo austera y barroca. Stroheim destilaba un mundo propio, salvaje, cruel pero su imaginario componía momentos de absoluta belleza y escenas de una ternura conmovedoras.

Un vividor se hace pasar en Montecarlo por un respetable conde ruso, e intenta seducir a una distinguida dama norteamericana que pasa sus vacaciones con su marido, un destacado diplomático.

Montecarlo es radiografiado palmo a palmo, diseccionando todos los tipos de individuos y todos los paisajes que lo habitan. ¡Montecarlo! El agua salada del Mediterráneo. La brisa de los Alpes nevados. La ruleta, las cartas, las “cocottes”, los reyes, los delincuentes. ¡El amor! ¡El amor! Y los suicidios. ¡Y las olas! ¡Y las olas! ¡Y las olas!

La ciudad despide sexo y el trio de embaucadores sabe como distribuirlo para enriquecerse. Sergius presenta a sus dos primas al matrimonio y los invita a un paseo nocturno en su pequeña embarcación. Las primas se encargan de distraer al marido y el conde corteja con todo descaro a su mujer que esta dispuesta a caer en el pecado. (Barroso:2000)

Rotulos:

“Los maridos son unos estúpidos: cuando creen que han ganado el corazón de una mujer, creen que es una mujer segura”

“La vanidad femenina, la adulación, la delicadeza, la insistencia. Maridos ocupados, perezosos. Mujeres tontas!

Finalmente el millonario perdona a su mujer y cita un fragmento de “The Foolish Wives”:

“Tras la desilusión, la esposa ingenua se da cuenta de que la nobleza que ha estado buscando en un farsante la tiene en su propio marido”

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